Se bautizaban las tierras recién descubiertas por razones
peregrinas, subjetivas y, a menudo, ridículas. Cuando los españoles
llegaron al Golfo de México, los habitantes indígenas gritaron
"texas, texas", que en realidad quería decir "bienvenidos". Y con
Texas se quedó. También desembarcaron los conquistadores en la
península sur de México, donde preguntaron a los lugareños cómo se
llamaba aquel sitio, a lo que los indios respondieron: "yucatán",
que en maya quería decir "no entiendo". Y Yucatán se llamó.
Imaginación no les faltaba a aquellos descubridores que, según un
acuerdo no escrito, eran los que decidían el nombre de la tierra
descubierta. La máxima era: quien llega primero, bautiza la
tierra.
Aunque lo hicieron la mayor parte de exploradores y marinos,
fue sobre todo Colón quien más puso en práctica esta medida, ya que
nombró cada pequeño fragmento de tierra que encontró en su camino.
El flamante descubridor de América bautizó más de 700 islas y no
olvidó hacerle honor a quienes habían financiado su
expedición, los Reyes Católicos.
De ahí las islas Fernandina, Isabelina o La Española. Sin
embargo, eran tantas las nuevas tierras, que la imaginación se
agotaba y los descubridores tenían que recurrir a repeticiones de
lugares europeos. Así, pasaron a bautizarse lugares como Nueva
Granada (región de Colombia) o Venezuela, la pequeña
Venecia.
Fuente: Muy
Interesante